Crónicas de la India. Ananda 2026
Una vez más contemplamos el horizonte de la India con el alma entusiasmada, y confrontada, ante este vasto mundo que se presenta en la mirada, y sí, una vez más la vieja Delhi aparece como nuestra ya clásica puerta de entrada.
Delhi, una ciudad inmensa, hiper poblada, ruidosa y contaminada, y a la vez con esa atmósfera del norte tan característica y esa mezcla de culturas donde conviven comunidades hinduistas, sijistas y musulmanas. Nuestra primera “toma de tierra” es Jama Masjid, la antigua mezquita roja en el corazón de la vieja Delhi, y Gurdwara Bangla Sahib, unos de los templos sijs más importantes de la ciudad, donde asistimos a las labores religiosas y mundanas de esta singular comunidad. Y por supuesto también comenzamos a mezclarnos con el caos y el trajín cotidiano de los barrios populares. Si, entre otras cosas uno puede asociar a la India con el caos, pero un caos que se auto ordena de manera fluida y misteriosa; en verdad, este auto orden en el caos una de sus profundas paradojas.
Si por algo se puede definir a la India es por ser una tierra de contrastes. Sí, este mundo, esta vida, es en sí mismo un escenario de contrastes y experiencia, pero aquí en la India todo esto se muestra de manera más extrema (o más grotesca); en una misma acera, en un mismo espacio, pueden registrarse todas las experiencias humanas inimaginables, todos los extremos, todas las coordenadas (materiales, sensoriales, espirituales) coexisten en un mezcolanza inmensurable, que, no obstante, parecen coexistir sin fricción, sin tensión y sin una estricta delimitación; todo se toca con todo, todo inter-es con todo lo demás, y esto es algo que la mente hindú parece asumir y conciliar con sorprendente naturalidad.
En verdad, se requiere una mente muy abierta (y una gran dosis de humildad) para asistir a este mundo de contrastes sin juzgar automáticamente y poder captar lo esencial. Y también se requiere un corazón valiente y muy abierto para abrirse a la vulnerabilidad y a la sensibilidad del mundo sin ser sobrepasado ante estos extremos tan agudos e intensos.
Las dos caras de la India [Extraído de El Viaje. Toni consuegra].
Sin duda alguna India es un mundo aparte, un mundo paradójico, un mundo de contrastes. India es de extremos muy extremos, donde la miseria y la contaminación más nauseabunda convive junto a una exquisita cultura espiritual, donde los rígidos sistemas sociales coexisten junto a los sublimes caminos de Moksha (liberación espiritual).
En realidad, India no solo es un país, una religión, una cultura, India es un arquetipo espiritual. India es Anahata (el chakra corazón) donde todas las polaridades y dimensiones se encuentran en lo esencial.
[…] Lo cierto es que el Espíritu se ha recreado en el enigma de la India. En un mismo espacio conviven el ascetismo más riguroso junto a una apretada tradición familiar, la búsqueda espiritual junto a una férrea jerarquía social y cultural; la claridad y la riqueza del Espíritu junto a una degradación y una miseria radical.
“Lo uno no puede ser sin lo otro”. A veces siento que sin estas dos caras la India no existiría. ¿Será precisamente esta “tensión” la que resuelva el enigma de la India?
Si algo define a la India es esta paradoja, la natural convivencia entre la mística del cielo y el infierno de la tierra, paradoja que, por lo general, el hindú parece sobrellevar con una sorprendente naturalidad. ¿Cómo liga el hindú esa mística profunda con tanta miseria y degradación? A esta pregunta la mente hindú te dice que a esta tierra se viene a expiar karma: “Eso quiso experimentar en este mundo de manifestación, pero luego quedó aprisionado en su propia creación”. De aquí naturalmente surge la idea de la “liberación”; salir de la rueda del karma y de los ciclos de renacimiento que nos encadenan al sufrimiento y a la desesperación. En el substrato de la tradición espiritual de la India existe esta noción que impregna su cosmovisión y condiciona su vida cotidiana: este mundo es maya (ilusión), una cárcel de la que hay que liberarse, una trampa.
Efectivamente, esta tradición espiritual también incluye la vía tántrica, en la que esta liberación tiene una connotación diametralmente diferente. Todo es ilusión, todo está vacío, todo es imaginación. Ninguna objeción. Pero la cuestión no es esta, la cuestión es el sentido de esta representación. Este mundo ¿es una cárcel, es una trampa, o es la Autoexpresión creativa de Dios? ¿Se trata de liberarse en la renuncia o en la total entrega al Corazón? Sea como fuere, lo que más prevalece sobre la mente hindú es esta Moksha, el sentido de “liberación”.
[…] La tradición de la India señala hacia cuatro vías fundamentales o caminos de liberación: Gnana Yoga (el yoga de la sabiduría y el discernimiento), Bhakti Yoga (el yoga de la devoción y del amor), Raja Yoga (el yoga del autocontrol o yoga de la meditación) y Karma Yoga (el yoga de la acción].
(*) Video relacionado: La India. Tierra de Contrastes. https://www.youtube.com/watch?v=vmURF99aFlg
Un viaje cultural y espiritual.
Nuestra propuesta de viaje es inequívoca; queremos hacer un viaje cultural y espiritual, un viaje exterior e interior, un viaje de intimidad y de comunión. No es turismo, no queremos ir corriendo de monumento en monumento, queremos respirar y saborear la india por fuera y por dentro. La clave es encontrar el equilibrio que favorezca naturalmente todo esto. Hay un momento para descubrir monumentos milenarios y otros para transitar por las barriadas populares, momentos de meditación silenciosa y momentos para participar de las ceremonias religiosas y los rituales con los brahmanes, momentos para caminar y momentos para reposar, momentos para investigar en talleres de espiritualidad, y momentos de encuentro humano donde compartir el latido el grupo en este transitar.
Efectivamente, nuestra propuesta de talleres tiene que ver con aspectos de la espiritualidad de la India: todo parte por discernir claramente entre espiritualidad y religión (el fondo y la forma; la experiencia directa y las creencias; la profundidad de la consciencia y los estadios míticos de consciencia donde se adoran a las divinidades y se desarrolla todo el folklore cultural). Tras esto entramos los 8 pasos clásicos del yoga de Patanjali. El sistema de los chakras también es explorado en profundidad. Los caminos del Yoga y del Tantra (renuncia y entrega) como las dos líneas fundamentales del viaje espiritual. Y terminamos con el Baghavad Gita y Krishna como arquetipo espiritual, con el Karma Yoga y su significado práctico y esencial.
Un camino milenario.
Nuestro propósito en este viaje es saborear el cuerpo y alma de la India, “pasar por la india y que la India pase por nosotros”, y para eso emprendemos un rumbo milenario para descubrir algunas ciudades santas y lugares con sabor ancestral.
Varanasi (Benarés). Una ciudad santa considerada la capital espiritual de la India. Las imágenes de Vanarasi son las de los templos y los gahts (escalinatas) arracimados a las orillas del Ganges, los peregrinos bañándose y haciendo sus abluciones ceremoniales, los diversos brahmanes, sadhus y monjes errantes haciendo sus meditaciones y rituales, y por supuesto sus cremaciones y sus ritos funerarios ancestrales. Vanarasi se descubre caminando, y también bogando por sus aguas, donde se consuma la comunión silenciosa con la diosa Ganga.
Sarnath. Un lugar ancestral donde Buda «puso en marcha la rueda del dharma«. Aquí sitúa la historia el lugar donde Buda dio su primer sermón y por extensión donde se fundó el budismo como filosofía y como religión.
Allahabad. Otra ciudad santa situada en la confluencia de los ríos sagrados Ganges, Yamuna y Saraswati (río astral). En este lugar se celebra cada 12 años la Kumbh Mela, la mayor celebración religiosa y la mayor reunión de peregrinos del mundo.
Khajuraho. Realmente difícil encontrar los adjetivos precisos para describir este lugar. Se trata de un delicado e intrincado conjunto de templos en mitad de la selva. Observando sus templos abigarrados de exquisitas esculturas tántricas, surge la pregunta ¿cómo es posible construir esto hace mil años? ¿y cómo es posible esa mente de la India medieval para concebirlo y materializarlo?
Orchha. Una ciudad ancestral de templos, fuertes y palacios que sobresalen por el horizonte de la pequeña ciudad y la floresta. El río Betwa nos ofrece un ambiente tranquilo y legendario para caminar entre las ruinas diseminadas por sus riberas.
Gwalior. Otra ciudad histórica muy relevante. Sobre una ladera aparecen impactantes esculturas jainistas talladas en la montaña, y en la meseta elevada se erigen templos, palacios y fuertes como viejos centinelas de esta ciudad milenaria.
Agra. Famosa en el mundo entero por albergar el Taj Mahal. El Taj Mahal es como un loto blanco que florece a las orillas del río Yamuna, un símbolo del amor y la belleza. Efectivamente, este monumento fue construido en nombre del amor (el amor de un emperador mogol por su esposa), pero la impresión es que este “monumento” excede a ese amor terrenal dando lugar a algo que evoca el amor espiritual, el amor como energía de expansión y de unidad. Por todo esto, siempre gustamos de finalizar nuestros viajes a la India en este lugar, que para mí claramente representa la energía del corazón, donde todo encuentra su sentido, y donde todo se encuentra en lo esencial.
¡Namasté!

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com


Deja tu comentario