Una trascendencia sana más allá del Bypass Espiritual.
No se puede llegar al Espíritu sin pasar por la Naturaleza. Trascendencia e Inmanencia son las dos caras de una misma Realidad en la Conciencia.
Trascender no tiene que ver con excluir, sino con incluir.
No tiene que ver con disociar, sino con integrar.
No tiene que ver con evitar, sino con abrazar.
No tiene que ver con reprimir, sino con amar.
Trascender algo significa ir más allá de ello, esto es, dejar de limitarse o identificarse con ello. Los dos aspectos de la identificación son el apego y el rechazo, y trascender tiene que ver con ir más allá de ambos. Cuando este proceso es sano aquello que se trasciende es incluido e integrado, cuando es insano aquello es excluido y disociado, y por lo tanto seguimos fragmentados.
Ciertamente, en el camino espiritual surge una consciencia -un amor- en la que la misma naturaleza se trasciende, y se transforma… La misma consciencia transforma a la persona. Sí, al entregarte al ser, la personalidad cambia por sí sola, sin embargo, en la profundidad del psiquismo aún quedan penumbras, lugares de sombra… Esta sombra todavía genera división, perturbación y conflicto… Y esta tensión subterránea es lo que impide un completo desarrollo (natural y espiritual) del individuo.
Muchos de nosotros, aun llevando largos años de práctica espiritual, comprobamos como la energía del sueño todavía nos arrastra… La identificación, el apego, las mareas del deseo y el miedo… El cuerpo espiritual está abierto y se nutre de meditación, de silencio y de oración, de atención y devoción… Sin embargo, aún existe un inconsciente cargado de conflicto y de dolor… Vemos un cuerpo emocional herido e inmaduro, una mente con programas de culpa, de carencia y de limitación, un cuerpo físico apagado, sin energía y sin vigor… Estos cuerpos aún tienen que liberar su propia energía en su propia dimensión, realizar su propia naturaleza y ponerla al servicio del corazón.
Toda trascendencia pasa por la realización de una individuación integral, sana y armónica. Todos los cuerpos o niveles tienen que integrarse, puestos a los pies de la consciencia y en el altar del corazón. Hay que realizar esta individuación, entonces es cuando naturalmente se abren las puertas del amor.
Cuando un ser humano permite fluir su naturaleza su potencial se desarrolla naturalmente. Esto es madurar. Madurar es desarrollar un cuerpo, una vida, una mente, con todo su conocimiento y su identificación, desarrollarlo hasta donde tenga que desarrollarse, para luego, dejarlo caer… En esa pérdida, uno florece.

Realizar el Espíritu en la Naturaleza.
El Deleite del Espíritu es realizarse en la Naturaleza, ponerse este Vestido Divino y deslumbrar al Mundo con su Verdad, su Amor y su Belleza.
Para el corazón el camino es a través de esta naturaleza, de esta individualidad, de esta singularidad natural. Para el corazón, la vieja noción del pecado de la carne, esa voz milenaria que nos dice que para llegar al Espíritu hay que sacrificar la Naturaleza, ya no es necesaria, en el corazón la naturaleza puede realizarse y mostrar su naturaleza sagrada. La represión, las pretensiones del ego como malabarista de la energía, los retos espirituales, los juegos de sublimación, son válidos, si tú los eliges es que todavía tienen algo que enseñarte… Pero si te has decidido por revelar al Espíritu en la totalidad de la vida, estos juegos te confundirán y te harán perder la senda del amor y la alegría.
Cuando permites ser a la naturaleza, de manera espontánea descubrirás como se abre un nuevo espacio de consciencia, una espaciosidad que acoge amorosamente toda expresión de la naturaleza. Esta consciencia ya no es limitada por la energía de la naturaleza, sino que se sirve de ella. Recuerda, o usas tú a la energía, o la energía te va a usar a ti. Vivir a merced de la energía es vivir zarandeados por las olas y las corrientes inconscientes, es vivir sin rumbo ni dirección, entre el deseo y el miedo, entre la atracción y la repulsión. Vivir creativamente es vivir lúcidamente, aceptando las olas del destino y aprendiendo a surfear, sirviéndonos de la energía de manera creativa, inspirada y natural.
Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com


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