El Bien y el Mal (Resolviendo el dilema del Libre Albedrío)

En una película un psiquiatra le pregunta a un extraterrestre: ¿en vuestro mundo cómo distinguís el bien del mal? A lo que este le responde extrañado: “todo ser del universo sabe distinguir eso (no es necesario especular, es un saber natural)”.

En efecto, algo en nosotros sabe distinguir naturalmente lo que es el bien y lo que es el mal, sin necesidad de una cátedra en filosofía cualquier ser humano (medianamente sano y equilibrado) sabe discernir entre la bondad y la maldad. Hay un sentido común, una intuición primordial, un instinto espiritual, o como lo queramos llamar, que sabe apreciar esta cuestión de manera simple y natural.

Todos conocemos la expresión de “tener buena o mala conciencia”. Esta conciencia suele asociarse a un conocimiento ético y moral de lo que se considera el bien y el mal (ámbito de la cultura, la religión y la filosofía), aunque también alude a un conocimiento más intuitivo y esencial, para saber qué actos, pensamientos y palabras son correctas o incorrectas de acuerdo a la verdad, el amor y la belleza (la Verdad el Amor y la Belleza como aspectos de nuestra verdadera Naturaleza). En este sentido, la conciencia no tiene nada que ver con la moral y la ética aprendida, sino con un conocimiento espiritual.

Más allá de la ética convencional existe una moral connatural inscrita en nuestra naturaleza humana. La ética del respeto, la empatía y la bondad no responde a determinados patrones culturales, sino que nos señala directamente a nuestra intuición moral básica. Esta sabiduría intuitiva agudiza nuestra sensibilidad y nuestro discernimiento moral, nuestra capacidad de equilibrar opuestos y de tomar decisiones éticas sabias.

Así pues, todo el mundo en su fuero interno sabe lo que es el bien y el mal (como se ha señalado todo ser humano medianamente sano y equilibrado), de la misma manera que sabe discernir entre el día y la noche, el placer y el dolor, la vida y la muerte, etc. Aun así, a veces es necesario examinarlo para ayudar a describirlo y conocerlo, así pues, vamos a ello.

Más allá del maniqueísmo y del relativismo moral.

Una de las grandes discusiones filosóficas y teológicas históricas ha sido definir si el bien y el mal es un Absoluto (maniqueísmo) o un relativo (relativismo moral).  Y lo aquí se señala es lo siguiente: el bien y el mal no es un Absoluto, ni tampoco un relativo (subjetivo).

El bien y el mal no es un Absoluto, solo aplica en el plano fenoménico (siempre relativo), concretamente en el plano de la consciencia del ego y el libre albedrío. En este plano fenoménico-relativo, el bien y el mal no es ambiguo y subjetivo, es concreto y objetivo.

Absoluto ⇒ Relativo (Fenoménico) ⇒ Subjetivo y Objetivo

El maniqueísmo dice que el bien y el mal es absoluto, al relativismo moral dice que todo es ambiguo y subjetivo. Y lo que aquí se señala es que el bien y el mal (como todo fenómeno) es relativo, y dentro de lo relativo es objetivo.

El bien y el mal no es un “punto de vista”, es una realidad fenoménica y energética.

Esencialmente, ninguna polaridad es absoluta, es fenoménica, y en realidad representa los dos polos de una misma energía-existencia (*). Pero en este plano de existencia, en esta dimensión de la “tierra”, el bien y el mal sí que pueden contemplarse como experiencias objetivas y concretas. En términos prácticos sí que existe una diferencia muy concreta entre el bien y el mal, tan concreta como la que existe entre la ternura y la crueldad, entre la compasión y el odio, entre la benevolencia y la malevolencia, entre respetar y humillar, entre cuidar y explotar a los demás. Así pues, discernir el bien y el mal es crucial para el desarrollo práctico de la vida en el mundo. Para generar orden y armonía es necesario discernir entre lo absoluto y lo relativo, entre lo subjetivo y lo objetivo, es necesaria la comprensión de la realidad en la que vivimos.

(*) La polaridad no son dos cosas, es la misma cosa polarizada, lo que difiere es el grado; el frío y el calor, por ejemplo, no son dos cosas, es la misma energía en diferente grado.

Conociendo el bien y el mal.

Existe una ley natural-universal que reza: “no se puede dañar a otros seres, ni se puede vulnerar su libertad”. Cuando se respeta esta ley surge el bien, cuando se vulnera surge el mal. Esta sería la descripción fundamental.

Ahora bien, alguien podría decir que todos los seres dañan al alimentarse de otros, que la naturaleza es dañina en sí misma. Pero evidentemente esto no aplica para el reino natural. Efectivamente, a un nivel bioenergético “todo es comida para todo”, todo vive de la energía de todo lo demás, toda la existencia se sostiene en un intercambio nutritivo de energía dentro de un orden dinámico natural. A este nivel, no aplica esta conciencia del bien y el mal. Meramente existe una necesidad de desarrollo, de adaptación y supervivencia, que mantiene un equilibrio natural.

El bien y el mal solo aplica en el plano de la consciencia del ego y el estadio del libre albedrío. Aquí se introduce una energía y una intención egoica, así como una relativa capacidad de elección individual, que puede dañar más allá de lo estrictamente adaptativo y destruir el equilibrio natural. En la consciencia del ego surge la separación, el miedo psicológico y la ambición, surge el apego y la represión, la codicia, la culpa, el resentimiento, el odio, el afán absoluto de dominación, etc. (*) Y a la vez el libre albedrío puede ofrecer respuestas creativas de paz y de concordia, de servicio y generosidad, de altruismo y de bondad, desde el nivel de la personalidad y desde el nivel transpersonal. Y es esta peculiaridad del psiquismo (consciencia del ego y libre albedrío) lo que hace surgir la posibilidad del bien y el mal.

(*) En la obra de Annie Marquier se habla de la “transformación de los instintos básicos en instintos psicológicos”, de cómo los tres mecanismos primarios de supervivencia se han proyectado al mundo psicológico, dando lugar a nuestro actual comportamiento en el mundo. El miedo, el instinto de reproducción y la protección del territorio, se han transformado en lo que Annie denomina las tres “P”, a saber, el pánico, el placer y el poder. El miedo como respuesta de amenaza se ha extrapolado al pánico psicológico, generando estrés y ansiedad como respuesta a todo aquello que amenace nuestro sentido de identidad en el ego. El instinto de reproducción ha evolucionado hasta convertirse en la búsqueda desenfrenada de placer. La protección del territorio ha evolucionado hasta convertirse en la búsqueda de poder: dominación, manipulación, humillación, competición, egoísmo, búsqueda de beneficios a cualquier precio y abuso de poder en todas sus formas.

Así pues: “no se puede dañar a otros seres, ni se puede vulnerar su libertad”. A esta ley, no obstante, le sigue otra ley natural-universal: “todo ser tiene derecho a protegerse y actuar en legítima defensa”.

[En lo práctico, aquí nos encontramos con una gran dificultad: ¿qué entiende uno por protegerse o defenderse? ¿Una agresión “preventiva” es una forma de protección? ¿Anticiparse y destruir a otros antes de que ellos -figuradamente- me destruyan a mí, puede considerarse un acto de legítima defensa? Este el nudo gordiano de la consciencia del ego, y, en la mayoría de los casos, suele ser el germen de la maldad más extrema, más despiadada y más grotesca.]

De igual manera que un ser humano normal sabe discernir entre el bien y el mal, entre la bondad y la maldad, también sabe que no es lo mismo dañar como agresión que como resultado de una legítima defensa (de alguna poner límites siempre puede implicar un daño al que trata de vulnerarlos). Y a su vez también sabe que existe una marcada diferencia en un daño intencionado o inintencionado, que la intención cuenta (no es tanto lo que se hace sino la intención que subyace).

Teniendo todo esto en cuenta podría describirse nuevamente: “no se puede dañar a otros seres, ni se puede vulnerar su libertad”. Cuando se respeta esta ley surge el bien, cuando se vulnera surge el mal. La indiferencia, la complacencia o el consentimiento a ese mal, por cierto, también es una forma del mal, ya que lo apoya y consolida con su permisividad. ¿Y la ignorancia? ¿Elegir ignorar el mal también es el mal? Es miedo (tal vez no el mal en sí mismo), y el miedo es el mejor abono para el mal.

[A un nivel fundamental la ignorancia no es el mal, sino la condición que posibilita el mal. La ignorancia es el olvido de nuestra auténtica naturaleza, el no saber quiénes somos realmente. La ignorancia es la identificación con la consciencia del ego, con la idea de ser un cuerpomente. La ignorancia es una fuerza descendente que nos lleva a olvidar lo que somos y a asumir al ego como nuestra identidad, y es esta consciencia del ego, como vemos, la que posibilita que se manifieste el fenómeno del bien y el mal.]

En definitiva, el bien respeta el ser y la libertad de otros seres, el mal lo interviene y lo vulnera. El bien tiene que ver con el servicio y el mal con la explotación de los demás. El bien confiere energía, el mal la succiona. El mal, al vivir de la energía de los otros, necesita engañar, manipular, explotar, abusar, dominar, etc. esta es idiosincrasia del mal. La idiosincrasia del bien, por su parte, es el amor y la verdad, y lo que surge es el impulso natural de cuidar, nutrir, sostener, ayudar y liberar.

Todo esto es muy básico, ciertamente. Como se vio anteriormente, en todos los seres humanos existe una intuición moral básica (un instinto espiritual) para saber qué actos, pensamientos y palabras son correctas o incorrectas de acuerdo a la verdad, el amor y la belleza. La Verdad el Amor y la Belleza son aspectos de nuestra verdadera naturaleza, por lo tanto, lo que resuena con Eso lo llamamos el bien, y lo que lo distorsiona lo llamamos el mal.

Lo que favorece la verdad, el amor y la belleza es el bien, lo que lo obstruye y perjudica es el mal. El bien nos hace resonar con nuestra verdadera naturaleza, el mal nos desconecta y nos ausenta.

La naturaleza del alma es la verdad, el amor y la belleza, y, como se señala en el Bhagavad Gita: “cada mala acción contrae la naturaleza del alma, cada buena acción la expande”.

El bien expande la naturaleza del alma, el mal la contrae. La energía que contrae es el miedo y la energía que expande es el amor. La mala acción deriva de la ignorancia y del miedo, la buena acción deriva de la comprensión y de la compasión.

El mal “cosifica” la existencia, el bien la “espiritualiza”. El mal niega la Verdad del Espíritu, el bien la expone y vivifica.

Cuando se vive de la energía de los otros significa que uno se ha desconectado de su propia fuente de energía espiritual, se ha olvidado de sí mismo, y esto es la ignorancia fundamental. Cuando se recuerda, cuando se deja fluir nuestra auténtica naturaleza, la verdad, el amor y la belleza surgen de manera natural, haciéndonos sentir plenitud y bienestar.

En este mismo sentido, todos asociamos lo justo con el bien y lo injusto con el mal. Es un sentido natural. ¿Por qué resonamos con lo justo y desaprobamos lo injusto como un acto de maldad?

Esencialmente la Justicia tiene que ver con el Equilibrio y la Verdad. La imagen de la Balanza Cósmica asociada a la Justicia es una imagen ancestral.  El Eje del que pende la Balanza es la Verdad de la Unidad, los dos platos representan la polaridad.

Todo en este universo muestra una tendencia a equilibrar y compensar la tensión polar entre los dos platos de la Balanza. Todo en la naturaleza tiende al equilibrio, hacia la “justa media”. Es esta justa medida -la armonía- entre los platos de la Balanza, lo que puede revelar el punto de Equilibrio Perfecto del que pende la Balanza. Y a esto también podríamos llamarlo la Verdad. De ahí la profunda relevancia que todas las tradiciones de sabiduría han dado al concepto de ecuanimidad, que viene a referir el “equilibrio del alma” como un factor ineludible en el camino del despertar.

Desde este punto de vista, la justicia o lo justo refleja todo movimiento que tiende a equilibrar la Balanza (acercándonos a la Verdad), y, de la misma manera, la injusticia o lo injusto refleja todo aquello que extrema el desequilibrio (alejándonos de la Verdad).

Si en esencia somos Equilibrio Perfecto, si somos la Verdad, es natural que resonemos con la justicia y lo verdadero, y, de la misma manera, que nos removamos con la injusticia y la falsedad; algo profundo nos marca el camino de regreso a lo Esencial

[El Viaje. Toni Consuegra]

La polarización creativa. Sabiduría Perenne.

¿Cómo puedes ver a tu propio ser? Solo te puedes reflejar. Todo este universo es el reflejo de ese Único Ser Eterno, y, según caiga en buenos o malos reflectores, se crearán buenas o malas imágenes. Lo malo en el asesino es el reflector y no el ser. En el santo, el reflector es puro. [Swami Vivekananda]

Por su propia naturaleza, la Realidad Absoluta es un Misterio, el proceso de la polarización es un Misterio. Ahora bien, para la Tradición de Sabiduría la naturaleza del Misterio se vislumbra a través de tres aspectos fundamentales (estados sin opuesto, no duales): Verdad, Amor y Belleza. En la tradición de la India se Lo refiere como Satchitananda (sat-chit-ananda), Existencia-Conciencia-Bienaventuranza.

Para ilustrar este proceso de la polarización podríamos usar la imagen del péndulo: el Eje desde donde se suspende el péndulo es Eso, la Unidad en la Verdad, el Amor y la Belleza. Desde ese Eje de Equilibrio Perfecto el péndulo comienza a oscilar de un lado a otro, creando dos polos; esta polarización genera el desequilibrio, el desequilibrio genera la tensión, y la tensión genera la energía. Por lo tanto, todo lo que existe es fruto de esta polarización y esta tensión creativa. 

La Verdad se polariza en lo verdadero y lo falso. El Amor se polariza en el amor y el miedo. La Belleza se polariza en la armonía y el caos.

Ahora bien, es importante comprender que la polarización no crea dos cosas, es la misma cosa polarizada; los polos son idénticos en esencia, pero difieren en grado. Lo falso no es algo en sí mismo, sino la ausencia de lo verdadero; el miedo no es algo en sí mismo, sino la ausencia de amor (o amor que no fluye); el caos no es algo en sí mismo, sino la ausencia de armonía.

El Amor es el estado de Ser primordial, un Amor no dual; de su polarización deviene el amor-miedo (expansión-contracción, atracción-repulsión, unión-separación), que no deja de ser Amor polarizado.

[El Árbol Kósmico. Toni consuegra]

El Poder Creativo de la Conciencia es la polarización de su propio Ser. El péndulo oscila entre los polos de la consciencia y la inconsciencia, entre la luz y la oscuridad, entre el espíritu y la densidad material, y entre ambos se despliega un Océano de infinita posibilidad.

La paz, el amor, la verdad, la creatividad y la armonía son impulsos evolutivos del Universo. Por supuesto, el universo también tiene los otros impulsos de destrucción, caos y violencia, que son parte de la existencia. […] Y es por eso que el Universo se crea y se recrea a sí mismo. Usted es actor, así que sabe que se necesitan personajes buenos y malos en las películas. La esencia de la creación son los contrastes. [Deepak Chopra]

En el Bhagavad Gita (uno de los textos sagrados más importantes del hinduismo y de la épica espiritual de la humanidad), Krishna le pregunta a Arjuna si realmente quiere contemplarle como Krishna en su totalidad. Arjuna asiente, y entonces Krishna se muestra a Arjuna como un todo; lo benévolo y lo malévolo, lo simbólico (unir) y lo diabólico (separar), lo evolutivo y lo involutivo, lo delicado y lo grotesco, lo tierno y lo violento, etc. Arjuna, estremecido por esta visión, le ruega que pare, que solo quiere al Krishna benévolo. Pero Krishna le dice: “yo también soy eso”.

Todos los planos de manifestación existen y se rigen por la polaridad; fuerzas ascendentes y fuerzas descendentes, evolutivas e involutivas, expansivas y contractivas… Positivo y negativo, creativo y destructivo, luz y oscuridad…. No es una cuestión de moralidad, se trata simplemente de una polaridad energética natural.

Estas fuerzas polares operan en toda manifestación de la Naturaleza, fuerzas de la luz y de la oscuridad que, a través de este juego de luces y sombras, de claroscuros y contrastes, crean nuestra experiencia del mundo y de la realidad.

En esencia, Todos somos Eso. Puro Amor, Pura Conciencia. Somos Eso, y a la vez representamos distintas singularidades y naturalezas, las que todos los seres en su infinita diversidad manifiestan.

Dentro de este océano de posibilidad existen seres más orientados a una o a otra polaridad, seres movidos por las fuerzas de la luz o de la oscuridad, sin embargo, sea como sea lo que tenga que representarse, todo parte y regresa a la misma Fuente Original.

Dentro de su plan evolutivo el alma puede elegir una experiencia en la justicia o la injusticia, en la verdad o la falsedad, en la benevolencia o la maldad, en la luz o la oscuridad… Esta es la aventura interior del alma: integrar la dualidad en el Espíritu (revelar la Verdad del Espíritu a través de este devenir en dualidad).

[Más allá de la Matrix. Toni Consuegra]         

Continúa con el artículo relacionado : El dilema del libre Albedrío.

 

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

 

 

Por |2026-10-13T17:46:47+02:0013 de octubre de 2026|Artículos|1 comentario

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Un comentario

  1. El Dilema del Libre Albedrío 13 de octubre de 2026 en 12:14 - Responder

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