El Dilema del Libre Albedrío

¿Existe libre albedrío? “Sí y no” es la respuesta paradójica que siempre se nos brinda para comprender la realidad.

El libre albedrío es otro de los nudos gordianos en la comprensión de la naturaleza de la realidad (el dilema del libre albedrío). A grandes rasgos, aquí de nuevo se enfrentan dos visiones opuestas: destino o libre albedrío, determinismo o libertad.

Una visión establece que todos los eventos, todas las decisiones, todas las acciones, están predeterminadas por fuerzas y causas ajenas a la voluntad individual (fuerzas familiares, culturales, biológicas, cósmicas, kármicas, espirituales, etc.). Cada evento está condicionado y determinado íntegramente por los eventos -y los propósitos- que lo precedieron. Todos los eventos están imbricados en el seno de la totalidad (operan simultáneamente en todas las dimensiones y planos de realidad), y en este entorno no hay lugar para la libertad individual. (El determinismo materialista exime de esta descripción cualquier fuerza de carácter espiritual-trascendente, todo lo que sucede es mecánico, accidental e ininteligente). La otra visión apunta directamente a la voluntad individual como el motor creativo de la realidad; en lo profundo el alma hay un poder y una libertad para crear. Y una vez más, ¿todo esto se puede conciliar? ¿Son compatibles el destino y el libre albedrío? ¿Es posible la libertad y la voluntad en un entorno determinado por la causalidad?

Lo que aquí se señala es que el libre albedrío no es un absoluto, es relativo.

Desde el punto de vista del Absoluto no existe libre albedrío ni responsabilidad; desde un punto de vista relativo, sí que existe esa posibilidad.

Escuchemos lo que nos dice la tradición espiritual.

Todo lo que sucede, sucede por sí mismo, y sucede para bien.  Todo sucede como sucede porque el universo es como es. [Nisargadatta] (*)

(*) “Todo lo que sucede, sucede por sí mismo, y sucede para bien”. Pero entonces ¿qué sucede con el principio de Causa y Efecto? Si te confunde escuchar que las cosas ocurren por sí mismas -sin una causa concreta-, date cuenta de que lo que en verdad se está diciendo es que la causa de un acontecimiento no se puede rastrear, porque sus causas son infinitas. Por eso se dice que Todo es causa de Todo, y que todo sucede por sí mismo en el seno de Todo lo que Es. Todo sucede movido por la Inteligencia Divina, y por eso sucede para bien.

En términos absolutos todo sucede en el Espíritu. Todo es como es porque el Universo es como es. Todo proceso de vida y de consciencia se despliega por sí mismo -espontánea y misteriosamente- en el Océano de Todo lo que Es.

Si en esencia todo sucede en el Espíritu, si todo es una proyección de la Mente Divina soñando el mundo y la individualidad, ¿cómo podría haber libre albedrío si no existe nadie en realidad? ¿Quién puede responder por algo si todo sucede por sí mismo en el seno de la Totalidad?

Hay tan poco mérito en ser bueno, como poco vicio o pecado en ser malo: en esto nosotros no hacemos sino representar los papeles que nos han dado. […] De una manera u otra somos partes de una sola Mente que todo lo abarca. [C. G. Jung.]

Ahora bien, también es cierto que del Sol del Espíritu surgen los rayos del alma (*), y que los rayos comparten la misma naturaleza Solar: Conciencia-Amor-Creatividad. Cada rayo es una proyección del Espíritu (cada ser es un reflejo del Ser universal), por lo tanto, todos los seres proyectan o reflejan cierto grado de consciencia, amor y creatividad. ¿Y qué esta creatividad sino el poder para crear?

(*) El alma es una proyección del Espíritu. El alma es la esencia del ser individual, el centro de consciencia, vida y voluntad. El alma es el motor del vehículo psicofísico (cuerpomente). El alma es el puente entre lo trascendente y lo inmanente. El alma es como el embudo del Espíritu; por un lado, permite observar y experimentar en el mundo como forma individual, por el otro permite revelar su naturaleza trascendente y esencial.

Este Universo surge de la Libertad y de la Voluntad del Espíritu. El Poder Creativo del Espíritu se realiza a través de su Libre Albedrío y de su Voluntad. Cada ser, por lo tanto, también tiene su propio nivel de libre albedrío y voluntad.

La Voluntad del Espíritu es crear y recrear a través de sus creaciones. Así, cada criatura tiene relativa libertad para crear. (Cuanto más se desciende de dimensión -frecuencia vibratoria o densidad- más desciende el nivel de energía y de consciencia, así como de libre albedrío y voluntad. No obstante, en términos prácticos, el libre albedrío se refiere y aplica a seres autoconscientes).

Cuando se dice: “hágase tu Voluntad”, Eso responde: “mi Voluntad es crear a través de tu voluntad… Hasta que tú y tu voluntad desaparezca y nuevamente solo quede Voluntad”. Sí, es paradójico. La Voluntad del Espíritu es crear a través de la voluntad individual, para crear y aprender de todas las experiencias en este océano de infinita posibilidad; se crea, se experimenta, se aprende, se observa, se comprende, se recuerda, y todo regresa nuevamente la Fuente Original.

Todo sucede bajo la Voluntad del Ser.

Dice el budismo que todos estamos sobre la Palma de la Mano del Buda, esto es, que todo sucede bajo la Voluntad del Ser. Lo que esto viene a decirnos es que, en este Devenir, sencillamente, sucederá lo que tenga que suceder, y será lo que tenga que ser, por lo tanto, relájate… Únicamente existe el Ser, y todo destino y voluntad se mueve en la Totalidad de Lo que Es.

Ahora bien, no dejes que la mente te confunda y convierta este relájate en una negación de la voluntad que naturalmente surge de tu ser; esta voluntad -y todas las voluntades- también surge en la Totalidad de Lo que Es, también sucede por sí misma y sucede para bien. Relájate no implica una resistencia contra la voluntad, simplemente esta no se percibe como propia, sino como un destello de la Voluntad del Ser.  

Todas las voluntades individuales surgen de la Voluntad del Ser, así pues, relájate, fluye a favor de la corriente y haz lo que no puedas dejar de hacer, ocúpate con toda tu energía cuando sea necesario, pero no te preocupes, mantente sereno y confiado, entregado a la Voluntad de Todo Lo que Es.

[El Árbol Kósmico. Toni consuegra]

La libertad del alma para elegir el bien o el mal.

A veces nos preguntamos ¿cómo puede haber tanto dolor en este mundo, tanta oscuridad, tanta maldad, tanto sufrimiento? ¿Cómo Dios permite esto? La mente no lo puede comprender, no lo puede aceptar… ¿Cómo Dios permite el sufrimiento y la maldad? En verdad, para esto no existe una respuesta, y no existe porque básicamente no es una pregunta correcta; no es que Dios permita o no permita el sufrimiento y la maldad, lo que Dios permite es el libre albedrío, la libertad para crear.

El Señor concedió la libertad a todas las almas. ¿Incluso la libertad de hacer el mal? El mal es causado por conflictos en el libre albedrío. El Señor extiende Su mano de Ayuda, incluso a las almas que emplearon mal su libertad. [Las leyes del Sol]

Así pues, todo sucede en el Espíritu, incluso la voluntad individual. Libre albedrío es un estado dentro de la infinita potencialidad del Espíritu, es una posibilidad.

Muchas tradiciones espirituales afirman que antes de nacer elegimos la vida que queremos o necesitamos vivir, que el alma elige el nombre y la forma que precisa en su proceso evolutivo singular, de acuerdo al dharma (su camino, propósito o misión espiritual en armonía con el orden cósmico) y también al karma (aquello que es necesario recolectar, saldar o reparar). Todo esto es muy hermoso, ahora bien, “esto puede ser así, o puede que no sea, ¿es una experiencia suya o es solo una idea?” Nos diría provocativamente Nisargadatta. Centrémonos pues en nuestra experiencia inmediata.

El libre albedrío, la libertad para elegir, surge con la autoconsciencia, así como el bien y el mal surge con la consciencia del ego. Como hemos visto, la energía del ego es como una niebla que envuelve el alma, y por eso sus elecciones egoístas (motivadas por el miedo y la ambición, el deseo y el apego) pueden generar conflicto, maldad y sufrimiento. (*)

(*) Artículo relacionado: El Bien y el Mal (Resolviendo el dilema del Libre Albedrío)

Así pues, hay una niebla que empaña la mirada del alma, y también hay una sombra que acompaña a la libertad para elegir; el miedo a equivocarnos, a pecar (“errar el tiro”), que a su vez hace surgir la consciencia de la culpa y del castigo. Este miedo a equivocarnos puede ser tan perturbador y desesperante que puede hacer que el alma ceda su poder y su libertad para elegir, “se lo cedo a otros para que esos otros decidan por mí” (*). Esta es una manera de evitar el miedo a equivocarnos, la culpa y el castigo, la otra es la proyección de esa culpa y la creación del enemigo. En fin, para el alma el libre albedrío es un gran desafío.

(*) Se puede ceder este poder a personas concretas como familiares, amigos o parejas, o bien a una autoridad externa (religiosa, científica, política, ideológica, etc.) que me diga satisfactoriamente cómo tengo que vivir, qué pensar, qué sentir, etc.

El libre albedrío permite al alma orientarse hacia la luz o la oscuridad, hacia el bien o hacia el mal, hacia una experiencia evolutiva o involutiva, a favor o contracorriente del flujo natural de la consciencia y de la vida, y también hacia una espiritualidad evolutiva o involutiva:

La espiritualidad evolutiva podría sintetizarse en la afirmación del místico sufí Abdalah: “Dios es yo, y yo soy Dios cuando dejo de ser yo”.

La espiritualidad involutiva, por su parte, le da la vuelta a esta afirmación: “Dios es yo, y yo soy Dios sin dejar de ser yo”.

Como tan maravillosamente señala Emilio Carrillo, este “querer ser Dios sin dejar de ser yo”, este endiosamiento del ego (o esta pretensión de suplantar a Dios), es lo que simbólicamente se representa como la Caída (la caída de los ángeles o los ángeles caídos). Esta Caída, en realidad, es una caída vibracional; es la soberbia, la vanidad y el engreimiento que conducen al infierno, a una voluntad de poder que siempre termina en enajenación, explotación y sufrimiento.

Y aun así…

La oscuridad no es algo en sí mismo, solo es ausencia de luz. Por lo tanto, solo la luz tiene poder para crear, la oscuridad solo puede manipular lo que la luz ha creado.

El libre albedrío permite al alma decidir qué posibilidad quiere manifestar y experimentar, eso sí, dentro de un Orden Cósmico Trascendente. En este juego podemos inclinarnos hacia la luz o la oscuridad, hacia la creación o la destrucción, hacia la bondad o la maldad… El alma es libre incluso de asumir o de ceder su poder y su libertad… Esa es la odisea del alma, un viaje heroico que progresivamente lleva al alma a recordar… Hasta que finalmente el alma regresa al Espíritu, así como el hijo pródigo regresa felizmente a su Hogar.

La divinidad potencial se encuentra en todos, limitada por los candados y bloqueos de la ignorancia. Cuando el conocimiento rompe esos bloqueos, el Dios interior se manifiesta. […] Y así concluye la tarea de la Naturaleza, esta tarea altruista que nuestra dulce niñera, la Naturaleza, se había impuesto. El alma se olvidó de sí misma y la Naturaleza la cogió de la mano suavemente y le mostró todas las experiencias del universo, todas las manifestaciones, elevándola cada vez más por los diversos cuerpos, hasta que recuperó su gloria perdida y recordó su Naturaleza Divina. Entonces la amable Madre regresó por donde había llegado, a por aquellos que también habían perdido la orientación en los desiertos de la vida. Y, por lo tanto, la Naturaleza trabaja sin principio ni fin… […] Y, a través del placer y del dolor, del bien y del mal […] El infinito río de alma fluye al océano de perfección, a la autorrealización, al recuerdo de su Naturaleza Divina. [Swami Vivekananda]

Libertad y responsabilidad.

¿Qué significa la responsabilidad? Ser responsable significa que puedo “responder”, que no es lo mismo que “reaccionar”. Responder implica consciencia y consciencia implica libertad. En el reaccionar no existe ni consciencia ni libertad. Teniendo esto en cuenta podríamos aplicar cierto rasero a la hora de hablar de responsabilidad: soy responsable de lo que soy consciente. Esa sería la señal.

[A nivel neurológico se ha descubierto que, cuando tomamos una decisión, esta ya ha sido tomada previamente en el plano inconsciente, y después es traducida por el sujeto-ego como una decisión consciente. Todo esto señala a ese trasfondo de causas y fuerzas cósmicas referido anteriormente, que en efecto reposa en los diversos planos inconscientes. Aun así, como también se ha visto, hay un poder en el alma (un poder para crear) que puede operar desde el nivel consciente.]

En la consciencia de la mente-ego no hay libertad, ni responsabilidad (*). La mente-ego no responde, el mente-ego reacciona según su condicionamiento particular. La mente-ego es un conjunto de memorias, de patrones y hábitos de comportamiento, un puñado de creencias, palabras y conceptos, la mente-ego es eso, el resultado de todo nuestro condicionamiento. En la mente-ego programada a todo estímulo le sigue una reacción automática, por eso Krishnamurti la llamaba la mente mecánica.  Un rasgo característico de este estadio es el victimismo: el mundo es responsable -culpable- de lo que vivo.

(*) Referido a un sentido psicológico fundamental. Efectivamente, en el ámbito social, formal y funcional, cada persona es responsable de sus acciones ante los demás.

En la consciencia del ser individual (el ser consciente previo a la mente-ego) surge el libre albedrío y la responsabilidad. La consciencia de ser es previa al condicionamiento, una consciencia vacía que meramente es un destello de Eso. Desde esta consciencia a todo estímulo le sigue un momento de observación antes de dar una respuesta. No es reactivo, es una respuesta que surge de la observación, la sensibilidad y la presencia. Este es el estadio de la responsabilidad y el libre albedrío: soy responsable del mundo que vivo. Aquí se asume la responsabilidad de nuestras proyecciones y nuestras experiencias, lo que se vive tiene que ver con mi enfoque de atención y de consciencia. Aquí se asume y se comprende el poder de la energía creativa, se sabe que la energía sigue a la atención, y se sabe de la importancia del corazón.

Desde esta consciencia uno se puede preguntar: ¿para qué manifiesto esta experiencia? ¿Qué me hace sentir? ¿Qué información me estoy dando? ¿Qué necesito comprender? ¿Dónde me quiero enfocar?

En este estadio el ser toma consciencia de sí mismo y de su creatividad, enfocarse en esto o eso otro es su libertad. Aquí, se observa todo lo que es… Se observan instintos y pulsiones, miedos y deseos, ideas y pensamientos, sentimientos y emociones, conductas y comportamientos… Se observan sombras y limitaciones, virtudes y talentos… Se observan fuerzas de la luz y de la oscuridad, los impulsos de crear y destruir, de perdonar y condenar, de mantener la integridad y de traicionar… Se observa lo que empuja hacia el cielo y a la tierra, a lo visible y lo invisible, a dormir y a despertar… En definitiva, se observa todo ese universo que pulsa en nuestra intimidad, se observan las cosas del cuerpo, de la mente y del espíritu, y uno elije conscientemente dónde se quiere enfocar.

Eres lo que elijes ser; todo depende de lo que eliges alimentar. De todo lo que eres, de todo lo que expresas, de todo lo que representas, ¿qué es lo que alimentas? ¿Dónde pones tu atención, tu corazón, tu identidad?

Como se infiere de todo esto, el libre el albedrío no significa tanto la libertad para “hacer”, sino libertad para “enfocar”. El libre albedrío confiere la libertad para dirigir la atención, elegir donde llevar la energía-consciencia y la energía-corazón. Y en esto reside su poder de cocreación.

Queda, no obstante, un tercer nivel o estadio (por nombrarlo de alguna manera) en esta cuestión del libre albedrío y la responsabilidad. En la consciencia o presencia trascendente (no individual, no-dual) el ser despierta a su verdadera naturaleza, y despierta a Lo Que Es Autoevidente. Aquí se comprende que no eres responsable de nada, porque en realidad tú no existes, solo el Ser, Es. Descansas en el Océano de Todo Lo que Es, donde todo sucede por sí mismo, y sucede para bien.

Cada individuo ha llegado a la manifestación para un cierto propósito, y ese propósito se cumplirá tanto si piensa que es el actor como si no. [Ramana Maharsi]

Si es momento de revelar el Misterio maravilloso que eres, entonces descubres que el libre albedrío existe y no existe, que eres responsable de todo y a la vez no eres responsable de nada. Te entregas a la Divina Paradoja, y en ella te fundes y descansas.

Seguir la necesidad del instante.

Si observas honestamente podrás ver como en tu interior coexisten fuerzas evolutivas y fuerzas regresivas, fuerzas ascendentes y fuerzas descendentes, de expansión y contracción, el miedo y el amor… De hecho, todas las polaridades existen en tu interior, así pues, observa estas tendencias aparentemente contradictorias y permítelas ser en tu corazón. Todo tiene su propia razón de ser, su propio momento en este viaje del alma, por lo tanto, no condenes, no te opongas a nada, sencillamente mantén despejada tu mirada.

Cuando nos abrimos a toda esta existencia, cuando respetamos cada expresión de la naturaleza en nuestro interior, entonces, podemos decidir. […] Observa esta coexistencia, estos contrastes, y si toca decidir dónde dirigir tu energía sencillamente sigue a la necesidad del instante, enfócate en esa energía que ahora genera coherencia en tu corazón. Silénciate, y sigue al Tao, así de sencilla es la cuestión.

Seguir tu propia energía, tu propia necesidad del instante, es algo que nadie puede enseñarte… Tienes que aprender a escucharte, a ser sincero y honesto contigo mismo, y para eso tienes que aprender a silenciarte.

[El Árbol Kósmico. Toni consuegra]

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

Por |2026-10-13T17:50:10+02:0013 de octubre de 2026|Artículos|1 comentario

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