La Consciencia de la Muerte

Hasta que no entiendas la muerte no te será posible entender la vida. [Buda]

La reflexión sobre la muerte es uno de los asuntos fundamentales de nuestra existencia. Cuando la muerte aparece en nuestras vidas, cuando se “lleva” a nuestros seres queridos o nos “pasa” muy de cerca, algo profundo es tocado en nuestro interior. A veces, esta caricia de la muerte hace que reconsideremos muchos aspectos de nuestra vida, puede surgir un nuevo sentido, un nuevo significado, un nuevo equilibrio, una nueva sensibilidad, un nuevo discernir lo superfluo de lo esencial, y todo esto puede cambiar definitivamente nuestra percepción de la vida, nuestros valores y nuestra misma identidad.

La consciencia de la muerte puede suponer un potente catalizador de desarrollo y transformación, sin embargo, para muchas personas sigue siendo un tema difícil y perturbador, algo de lo que necesitan apartar rápidamente la atención. Sabemos que tarde o temprano nos vamos a encontrar con la muerte, que es una experiencia que todos debemos atravesar, lo sabemos, pero es una verdad que preferimos soslayar. El problema de todo esto es que si no miramos a la muerte tampoco podemos mirar verdaderamente a la vida; si no aceptamos la muerte no podemos aceptar la vida, porque vida y muerte son inseparables, y el sufrimiento surge de la resistencia a lo inevitable.

La muerte es un espejo donde se refleja el sentido de la vida. [Soygal Rimpoche]

La vida alberga el sentido de la muerte y la muerte alberga el sentido de la vida. Contemplar la realidad de la muerte supone contemplar más profundamente la realidad de la vida. Comprender y aceptar la muerte nos permite vivir con determinación y valentía. Cuando ponemos consciencia en la muerte puede aflorar temor y dolor, pero también puede despertarnos de una sacudida al milagro de la vida… Sí, es una bella paradoja: la consciencia de la muerte, aviva.

A la pregunta tantas veces repetida ¿existe vida después de la muerte? Quizás podríamos cambiarla por otra más significativa: ¿antes de la muerte, existe la vida?

Maestro, ¿cómo puedo prepararme para morir?
El maestro le respondió: Prepárate para vivir.
¿Y cómo puedo prepararme para vivir?
Prepárate para morir.
[Tradición zen]

Algunas certezas.

  • La muerte es segura. Esta es la certeza fundamental. “Todo lo que nace, muere; todo lo que tiene un principio, tiene un final”. Siempre hay una última respiración, una última exhalación, un último latido… No hay forma de escapar de la muerte, ni tampoco hay necesidad.
  • El momento de la muerte es incierto. Cuando nacemos, no se puede predecir con exactitud cuándo moriremos. A veces, los jóvenes mueren antes que los ancianos, y los que tienen salud antes que los enfermos. Nadie sabe cuándo morirá. Aunque tendemos a imaginar que la muerte ocurrirá en algún momento lejano en el futuro, en realidad no lo sabemos. (Por eso mismo, si consideramos que necesitamos realizar algo en la vida, el momento de hacerlo es ahora.)
  • Al momento de morir lo único que cuenta es nuestro desarrollo en amor y consciencia. No importa lo que hayamos conseguido en el plano material, en lo condicionado, no importa lo que hayamos alcanzado o conquistado, no importan nuestros éxitos o nuestros fracasos… Todo eso morirá igualmente, para la muerte todo eso es indiferente. Lo único relevante es la consciencia que habremos desarrollado, y la única pregunta importante será: ¿cuánto hemos amado?

El miedo a la muerte.

Intelectualmente sabemos que la muerte es un fenómeno natural, y también absolutamente necesario; sabemos que vida y muerte son inseparables, que la vida no tiene sentido sin la muerte y que la muerte no tiene sentido sin la vida. Casi todos comprendemos esta cuestión tan básica, al menos en teoría… Lo entendemos, y aun así tratamos de aferrarnos desesperadamente a la vida.

Es natural, por una parte, toda nuestra biología está programada para preservar la vida, y de ahí surge el miedo biológico, como un recurso natural para alentar este propósito. Después, este miedo biológico se proyecta en el miedo psicológico, como un recurso para preservar nuestra vida psicológica, nuestra identidad en la mente-ego (imagen personal).

La resistencia dramática a la muerte surge del miedo psicológico, no del miedo natural. Aun así, comprender estas dos dinámicas nos ayuda también a comprender por qué el miedo a la muerte es algo tan fuerte en nosotros.

Un tránsito de lo conocido a lo desconocido.

Desde la mente-ego la muerte es espantosa, porque esta mente se basa en una premisa fundamental: la búsqueda de seguridad. La seguridad está en lo conocido, y la muerte es lo más desconocido y lo más inseguro que existe.

La mente es lo conocido, la muerte es lo desconocido (lo Gran Desconocido), de ahí que surjan tantas resistencias a emprender ese proceso natural.

La mente-ego se resiste a este proceso porque no quiere finalizar su experiencia en lo conocido, y porque su existencia en sí misma se basa en una ilusión de continuidad. En realidad, la mente-ego no desea saber nada de la vida y de la muerte, sólo desea continuidad. Sin embargo, la razón le dice que tarde o temprano tiene que morir, por eso desde la antigüedad se han elaborado mitos y creencias que tratan de “solventar” esa cruda realidad. Las creencias religiosas permiten a la mente-ego proyectar este sentido de continuidad en el más allá (así como a través de los hijos, el apellido, el legado, la gloria, la celebridad, etc.). Después de todo, estas creencias son trucos que nos permiten seguir aferrándonos a lo conocido, formas de conferir a la mente-ego un sentido de continuidad, en definitiva, formas de seguir evitando la consciencia de la muerte y el gran misterio que representa esta verdad.

Las creencias religiosas alivian en cierta medida el miedo a la muerte, sin embargo, para muchas personas este paso por la muerte sigue significando una gran dificultad. Las creencias pertenecen a la mente, y en la mente, finalmente, no hay escapatoria alguna. No obstante, más allá de las creencias existe una dimensión espiritual o trascendente en el núcleo mismo de la consciencia humana. De hecho, de haber escapatoria, solo puede darse en este ámbito espiritual.

La dimensión espiritual.

Toma consciencia de la muerte. Piensa en ella, mírala, contémplala.
No tengas miedo, no te escapes de este suceso.
¡Está ahí y no puedes escaparte! Ha venido al mundo contigo.
La muerte es el fenómeno más incomprendido.
La humanidad ha pensado que la muerte es el fin de la vida.
Éste es el primer malentendido, el original.
Recuerda, en verdad no hay nadie que muera dentro de ti.
[Osho]

Si el miedo psicológico nos acucia desde la mente-ego, la única salida está en el espacio de consciencia transmental, transpersonal, eso que desde siempre se ha denominado como la dimensión espiritual. Esta dimensión no se mueve en las creencias, sino en la experiencia directa de la realidad, no se funda en el dogma, sino en una revelación fundamental.

La muerte es una transformación. La muerte es una expansión. La muerte es una liberación.
En realidad, la muerte no existe; la muerte surge en el momento en el que nos apegamos a la vida.
La muerte es descubrir que una gota de agua, no es en verdad una gota, sino Agua.

Hacia esto apunta la Sabiduría Perenne. Ahora bien, no es un dogma, un credo o una conclusión, sino algo que cada cual ha de descubrir (y realizar) en su propio corazón.

Todas las tradiciones espirituales y corrientes de la psicología profunda coinciden en señalar a la muerte como tema central, donde, por una parte, se encuentra la matriz primordial que genera la totalidad de nuestros miedos y condicionamientos limitantes y, por otra, el umbral que, de ser atravesado, nos libera de la ilusión y posibilita descubrir nuestra verdadera identidad en lo Esencial. [Ricardo Jiménez]

Para la persona que se ha preparado y ha practicado, la muerte llega no como una derrota, sino como un triunfo, el momento más glorioso que corona toda la vida. [Sogyal Rimpoché]

Las tradiciones espirituales apuntan hacia la recreación de la propia muerte como una iniciación, como un profundo proceso de expansión y transformación, y también señalan recurrentemente a una poderosa práctica de comprensión: la meditación.

Existe un fuerte paralelismo entre la muerte y la meditación. De alguna manera, durante la práctica nos entregamos a la muerte de instante en instante; cada momento nace y muere, muere y nace. Morir momento a momento alude a vivir el Ahora con plena intensidad, de manera fresca, renovada, natural. Vivir la vida directamente, sin ningún filtro de la mente-ego que distorsione la naturaleza de esta misteriosa y radiante realidad. Cuando San Pablo afirma “muero cada día” alude a esta misma cualidad.

Pero morimos a algo más… ¿A qué morimos en meditación? Morimos a lo que creíamos ser, a todas las etiquetas y categorías que nos definían, a todas nuestras ideas, creencias y demás fantasías… Morimos a la ilusión de ser esta persona, este vehículo psicofísico, este cascarón… Morimos al dramatismo, al victimismo, a la limitación… En definitiva, morimos a la identificación y dejamos que Lo que Es se revele silenciosamente en nuestro corazón.

La meditación es la gran aventura de exploración en el Océano interior.
La meditación acepta y acoge el miedo a la muerte en el corazón.
La meditación nos revela Lo que Es más allá del nombre y la forma,  del cuerpo y de la mente.
La meditación abre un camino para saber Quiénes somos realmente.

Si quieres comprender la muerte, observa…
¿Qué es lo que nace, y por lo tanto muere?
¿Qué es lo que no nace, y por lo tanto no muere?

 

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

Por |2026-01-13T11:40:28+01:0012 de enero de 2026|Artículos|Sin comentarios

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