Todo sistema de la naturaleza tiende hacia el equilibrio y la coherencia. Y la enfermedad señala hacia la pérdida del equilibrio y la coherencia. La enfermedad tiene una función biológica y adaptativa fundamental; señala hacia el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado, y a la vez es un recurso (una solución biológica) para restablecer el equilibrio y la coherencia. Ahora bien, en muchos casos la pérdida de coherencia se produce en el plano sutil de información, en el cuerpo sólo se muestra y se hace visible. Los síntomas se revelan entonces como manifestaciones físicas de conflictos psíquicos.
[Efectivamente, aquí se considera que lo físico y lo psíquico es interdependiente; los agentes físicos -biológicos, químicos, electromagnéticos- también producen una pérdida de equilibrio y coherencia, así como cambios en la psique y la consciencia. En términos generales, la enfermedad puede tener causas exógenas y endógenas (medioambiente y psique), pero en esta investigación nos enfocaremos en los factores endógenos.]
¿Qué nos señala un síntoma? ¿Qué sucede cuando aparece un síntoma en el cuerpo? Lo más inmediato es llamar la atención, interrumpiendo de alguna manera la continuidad o la normalidad de la vida diaria. Un síntoma reclama atención y, por lo general, produce una molestia. A partir de ese momento, desde el viejo paradigma solo nos preocupa una cosa: eliminar esa molestia (sin indagar en su origen ni sus causas). El ejemplo clásico para señalar todo esto es como cuando vamos conduciendo y, de repente, se enciende algún piloto que pide atención (gasolina, aceite, una avería, etc.). Evidentemente, mientras viajamos esto no nos agrada, ya que la señal nos puede obligar a interrumpir el viaje. Aun así, por más que nos moleste parar, comprendemos que sería una estupidez ignorar o apagar de un golpe el piloto y continuar nuestro camino. En lugar de eso, atendemos la señal y buscamos una gasolinera o un taller mecánico. Una vez resuelto el problema el piloto se apaga y podemos continuar con normalidad. En nuestro caso, el piloto que se enciende es el síntoma, que señala que en algún lugar hay algún problema, algo que necesitamos atender y reparar. Sin embargo, esa reacción “estúpida” que tendríamos al tratar de ignorar o apagar el piloto del coche, es exactamente lo que desde el viejo paradigma solemos hacer; tratar de erradicar el síntoma, luchar contra él, ignorando el conflicto profundo hacia el que realmente señala.
El síntoma es un aviso, una señal de atención. Para saber que trata de decirnos, debemos dirigir la mirada a zonas más profundas, a fin de averiguar qué sucede realmente en nuestro interior. Los síntomas señalan hacia esos lugares del alma que necesitan atención.
El síntoma refleja nuestra sombra, algo que no hemos podido integrar ni procesar conscientemente. Por eso no es de extrañar que no nos gusten los síntomas, ya que nos obligan a mirar y asumir aquellos aspectos que hemos excluido de nuestra consciencia, precisamente. De ese modo, vivimos una lucha contra los síntomas, en lugar de aprender y comprender a través de ellos.
La primera clave de la sanación reside en no considerar al síntoma como un enemigo, sino como un aliado que puede ayudarnos a encontrar el desequilibrio en nuestro interior, ampliando nuestra consciencia y abriendo nuestro corazón.
La enfermedad es una señal que nos indica una incoherencia sostenida en algún nivel, o, en otras palabras, la enfermedad es la incoherencia reflejada en nuestros cuerpos en forma de síntomas o malestares físicos, para que tomemos consciencia. Por eso la enfermedad nos viene a curar, es la que nos hace ser sinceros con nosotros mismos, la que nos hace tomar consciencia.
La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para sanar al hombre. [C.G. Jung]
La naturaleza busca continuamente una solución de equilibrio, una solución para restaurar la coherencia. Otra imagen que podemos utilizar para reflejar todo esto es la del funanbulista; le vemos en equilibrio sobre la cuerda floja, pero en realidad existe un movimiento muy sutil hacia uno y otro lado; su arte consiste es permanecer bien compensado, rectificando su posición momento a momento para no inclinarse demasiado hacia uno u otro lado. Claro, si se inclina demasiado hacia un extremo el desequilibrio se hará visible, y tarde o temprano caerá. Para no caer, el inconsciente nos ofrece una solución de equilibrio, que a veces toma la forma de enfermedad. En realidad, se trata de una oportunidad de rectificar y compensar, de restaurar el equilibrio de manera consciente y natural.

El estado de salud no es precisamente un estado, sino un dinamismo, un movimiento de adaptación permanente a lo real. Tenemos necesidades fundamentales que son estables, que no cambian, y existe una realidad exterior que cambia continuamente. Por lo tanto, si no encontramos una solución consciente y voluntaria, la biología se encarga de encontrar una solución inconsciente e involuntaria. [Christian Fléche]
La naturaleza busca una solución de equilibrio, pero no un equilibrio perfecto o estático, sino un equilibrio dinámico. En la naturaleza el equilibrio perfecto no existe, la salud perfecta no existe; esta existencia en sí misma implica cierto desequilibro, un desequilibrio que tiende dinámicamente al equilibrio, pero que nunca se realiza totalmente, porque alcanzar el equilibrio perfecto significa dejar de existir. El desequilibrio genera el movimiento, la tensión genera la energía. Sin desequilibrio no hay tensión ni energía, no hay mundo ni hay vida. A cada paso estamos en desequilibrio, que en realidad es la condición para avanzar. Lo que cuenta, lo que determina el estado coherencia o incoherencia, es el grado de desequilibrio, que cuando se extrema aparece como enfermedad.
En definitiva, la enfermedad es un recurso del inconsciente biológico para dar solución a un problema de adaptación, real o metafórico; ante un conflicto psicoemocional o un desafío del medioambiente, la biología responde indistintamente. Cuando nuestra coherencia interna está desequilibrada lo que busca nuestro inconsciente biológico es recobrar el equilibrio. Nuestro interior nos habla, nos envía mensajes a través de los síntomas, y, si no lo escuchamos, el síntoma va a aumentar su intensidad hasta que le prestemos atención, por eso cuando el síntoma es extremo podemos considerarlo como un “grito interior”.
El inconsciente trata de expresarse y mostrar sus programas; cuando lo hace, desconecta los programas.
Como vemos, todo esto refleja un movimiento del inconsciente por hacerse consciente; lo inconsciente quiere hacerse consciente, y esto nos adentra en el nuevo paradigma: la enfermedad viene a curarme, la enfermedad me da la solución, la posibilidad de restaurar la coherencia, el equilibrio interior.
Cualquier enfermedad, cualquier síntoma, tiene un sentido positivo, que lleva la curación en sí mismo. La enfermedad es el esfuerzo de la Naturaleza por solucionar sus conflictos, tentativa de autocuración y de adaptación a una realidad que evoluciona. Todo se adapta o desaparece. [Christian Fléche]
Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com


DISCREPO, TONI, DISCREPO PROFUNDAMENTE: ANTES DE ANTIBIOTICOS Y VACUNAS -JENNER, PASTEUR- EXPECTATIVA DE VIDA: 30-40 AÑOS.- POR ESAS ESTUPIDECES MURIO UN GENIO: STEVE JOBS, ¿CONOCES LA HISTORIA?
SALUDOS CORDIALES.-
es necesario un rigor argumental ,estimado toni…sabemos de otros paradigmas de curacion ( soy medico acupuntor )…pero cada estadio terapeutico,requiere una actuacion concreta….se corre el peligro de desvirtuar otras medicinas. p.ej. homeopatia ( he sido paciente de M.Trad. China..y homeopatia )……ahora esta la medicina integrativa.,,con grandes resultados….seamos sensatos y prudentes en la defensa de criterios clinicos…….y terapeuticos
Con afecto : Dr.Bautista
P.S. Un ejemplo de literatura objetiva que une evidencias de la ciencia oriental y occidental seria : El campo vibratorio ed. Atalanta….
una autoridad en biofisica y argumentos cientificos en M.T.China
Un abrazo
Gracias José Manuel por tu comentario,
Efectivamente no dispongo de un criterio médico riguroso, ni mucho menos, lo que se expone en el articulo es una generalidad en términos de «la enfermedad desde la consciencia»; según mi visión la enfermedad puede tener un origen endógeno o exógeno, y aquí se señala sobre todo a lo primero en términos muy generales, casi como «filosofía» podría decirse…
Me anoto tus sugerencias.
Un abrazo