Inteligencia Emocional (más allá de la represión y la adicción emocional)

Para la mayoría de seres humanos la falta de educación y desarrollo en  inteligencia emocional ha supuesto una gestión bastante precaria -y problemática- de las emociones. Básicamente, el proceso se ha dado de manera inconsciente, reactiva y mecánica. Por un lado, hemos evitado y reprimido todas aquellas emociones dolorosas e inaceptables, por otro, nos hemos vuelto adictos a las emociones que han forjado nuestra identidad emocional (los patrones emocionales que definen nuestra personalidad). Principalmente hemos oscilado entre la represión y la adicción, y ahora se trata de aprender a manejar las emociones sin reprimirlas y sin alimentar la adicción.

Ciertamente, al reprimir las emociones nos hacemos daño a nosotros mismos, y al expresarlas reactivamente podemos hacer daño a los demás.

Discernir donde está la línea entre expresar una emoción, sin reprimir o restringir su expresión, ni entrar en el espacio de adicción, es un arte delicado, ciertamente. Como todo en la vida, requiere de una disciplina de atención, y también de honestidad y de corazón. Como señala Aristóteles, la destreza emocional consiste en expresar en el momento justo, con la medida justa y (en su caso) con la persona justa, de manera sensible y natural.

Desde la consciencia-corazón uno se da cuenta si una emoción es funcional o está “fuera de lugar”, si existe algún habito de represión o de adicción, si atiende a una necesidad real o es un eco del pasado que distorsiona mi percepción del presente, en definitiva, uno comprende si está manejando su vida emocional de manera responsable y coherente.

Cuando comenzamos a observar descubrimos nuestros hábitos de represión, y también, como a veces “provocamos” situaciones para vivir las emociones a las que somos adictos. Observamos como en ambos casos somos secuestrados por la emoción, y justo ahí es donde aparece la posibilidad de una transformación.

Hasta ahora, parecía que la relación con nuestras emociones podía establecerse únicamente a través de la expresión (inconsciente y reactiva) o de la represión; la expresión puede dañar a los demás y la represión me hace daño a mí mismo. Ahora bien, podemos aprender a expresar de manera consciente y responsable, sin reprimir y sin dañar. Y es en la consciencia-corazón donde esto sucede de manera natural.

Drenar el cuerpo dolor.

La Inteligencia Emocional tiene que ver procesar y aprender a no acumular energía emocional, y también con aprender a liberar la carga emocional acumulada.

Las emociones son un sistema de señales que apuntan a nuestras necesidades, relacionadas con la preservación y el desarrollo en términos generales. Es importante comprender que la emoción sigue un ciclo, como una onda que asciende y desciende (como una ola que emerge, se eleva, se sostiene, y finalmente rompe y se desvanece). Así pues, la emoción sigue un ciclo y su finalidad es satisfacer alguna necesidad. Cuando una emoción interrumpe o bloquea su ciclo natural queda en “suspensión” y su energía queda latente en nuestro interior, de alguna manera, toda esa energía se almacena en algún lugar profundo de nuestro corazón. Efectivamente, esto tiene sus propios efectos sobre el cuerpomente, llegando a manifestar sintomatología y enfermedad. Al bloquear las emociones bloqueamos la expresión de nuestra vida, y también la amplitud de nuestro conocimiento, pues no solo conocemos y aprendemos por la reflexión, también por la emoción.

Desde nuestra temprana infancia todas las emociones que hemos sentido como desagradables, dolorosas o traumáticas, han sido reprimidas, porque el niño, fundamentalmente, no quiere sufrir (no quiere, o no sabe, o no puede), o porque expresarlas le alejaría del amor y de la aprobación de los que le rodeaban. Ahora bien, todo lo que hemos enterrado tiene resonancias, y esto crea los patrones y las pautas. Según crecemos, esta energía enterrada pulsa por ser expresada y liberada, generando incluso de manera inconsciente las situaciones precisas para activarla; en otras palabras, la vida nos hará vivir aquello que necesitamos para poner de manifiesto esta energía emocional enterrada.

El dolor emocional que evitamos siempre nos acompaña. Este dolor no procesado se acumula en lo que Ekchart Tolle denomina el cuerpo dolor. Este dolor acumulado impregna cada célula del cuerpo, tiñe el cristal de nuestra mente y empaña nuestra percepción, y por supuesto se refleja en nuestra vida emocional y en nuestros patrones de relación. Este cuerpo dolor permanece en estado latente hasta que un nuevo estímulo fuerza su reaparición; a veces, un nuevo dolor, no tan agudo o intenso en sí mismo, activa el cuerpo dolor, y así es como el dolor actual es amplificado y distorsionado; en definitiva, el dolor del presente activa todo el dolor acumulado del pasado, y claro, cuanto más intenso es el dolor, más miedo a asumirlo y afrontarlo, cada vez es más difícil encarar todo lo que cargamos, y los síntomas que se presentan son más extremos y exagerados.

Para drenar el cuerpo dolor y liberar el pasado bloqueado tenemos que ir al interior, rastrear el inconsciente y pinchar las bolsas de dolor, o, como se dice en ámbitos terapéuticos, “abrir el melón”. Existen diversas terapias de liberación emocional, regresivas y catárticas, que permiten este drenaje y esta descarga (es importante que este proceso se realice de manera acompañada y supervisada). Cuando nos permitimos vivir las emociones éstas pueden evolucionar y transformarse en un nuevo estado de energía y coherencia, abriendo el campo de nuestro corazón y nuestra consciencia.

El amor que niegas es el dolor que llevas; por lo tanto, el dolor que aceptas es el amor que liberas.

 

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

Por |2026-04-15T11:13:25+02:0015 de abril de 2026|Artículos|Sin comentarios

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