El Bypass Espiritual (recurrir a lo espiritual para evitar el dolor terrenal)

El Bypass o la Evasión Espiritual 

Sabemos que la dimensión espiritual, así como las creencias religiosas de cada pueblo, han constituido un refugio en los momentos de incertidumbre y de dolor del ser humano. Sabemos que estos caminos han aliviado a una humanidad de rasgos carenciales muy constitutivos, brindando cobijo y consuelo en nuestra “larga tribulación por la historia”. Sin embargo, también sabemos que la práctica espiritual puede encubrir una evasión de aquellas fuentes de dolor que, precisamente, necesitan ser abordadas en el camino de maduración como seres humanos.

La evasión o bypass espiritual (Tart & Deikman, 1991) es un término que surgió junto al nacimiento del movimiento New Age, un movimiento de la nueva espiritualidad occidental que, en muchos casos, ha supuesto un acercamiento superficial y sin el discernimiento que merece el camino de la profundidad espiritual. El bypass espiritual consiste en recurrir a la espiritualidad para evitar confrontar las tribulaciones del samsara (la complejidad de esta vida mundana), evitar atender las propias necesidades de desarrollo y las dificultades de esta dolorosa estructura personal. Dicho coloquialmente, este bypass es una forma de recurrir a lo “espiritual” para evitar lo “terrenal”. El problema de esta tentativa es que en sí misma supone una nueva división en la consciencia en pos de una supuesta iluminación o libertad espiritual.

¿Cuál es la causa principal de la evasión espiritual? La respuesta es inequívoca: el dolor, o, para ser más precisos, nuestra tendencia a evitar el dolor. Efectivamente, toda nuestra cultura nos impele hacia esto, y, por supuesto, no solo escapamos del dolor mediante el bypass espiritual, todos sabemos las muchas formas que tenemos para desconectar de la dolorosa realidad; podemos escapar en las drogas, en el deporte, en el sexo, en el consumismo, en las redes sociales, en el trabajo, en el viajar, y en cualquier forma de entretenimiento o distracción de manera general. La paradoja es que, cuanto más tratamos de evitar el dolor, más lo acumulamos y más profundo se vuelve. Además, cuanto mayor es nuestro miedo al dolor, más extremas tienden a ser nuestras evasiones. Es comprensible que en momentos de dolor agudo nuestra mente trate de neutralizarlo mirando hacia otro lado, sin embargo, también es necesario comprender que el dolor que evitamos no nos lo quitamos, simplemente lo sumergimos en el inconsciente y lo acumulamos. Este campo de dolor acumulado queda latente y en alguna medida impregna y colorea nuestra vida, seamos conscientes de ello o no lo seamos.

El problema de una cultura hedonista es que olvida que el dolor es algo inevitable, y necesario. El dolor es inherente a la existencia, el sufrimiento surge, precisamente, de la resistencia y la dramatización del dolor. Por lo tanto, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Podemos resistirnos al dolor, o lo podemos aceptar, esa es nuestra libertad, y nuestra responsabilidad.

En el ámbito espiritual, quien más y quien menos atraviesa en alguna fase de su desarrollo alguno de los senderos del bypass espiritual. A veces, la paz y el bienestar que surge de los estados expandidos de consciencia hace prácticamente inevitable este bypass. Ahora bien, sería interesante señalar que, por lo general, lo que entendemos por bypass espiritual se trata en muchos casos de un bypass intelectual (refugiarnos en ideas espirituales o en una imagen espiritual). Así, la evasión suele tener lugar a través de la idealización y las creencias, y no tanto de la realización y la profundidad de la consciencia.

En el bypass espiritual nos aferramos a creencias elevadas que continuamente señalan a la trascendencia, olvidando que hasta la más sublime de las creencias sigue siendo sólo eso, una creencia.

Por lo general, esta evasión suele mostrarse en personas con estructuras de la personalidad de carácter narcisista (alcanzar la pureza espiritual), o en personas ceñidas con demasiada rigidez a un determinado sistema de creencias. Sea como sea, este bypass crea una nueva imagen en el ego espiritual, esto es, se cambian las máscaras mundanas por otras que reflejen los supuestos atributos de lo espiritual (templanza, desapego, serenidad, etc.), lo que también se entendería como el postureo espiritual. Esto se hace patente, por ejemplo, cuando negamos o menospreciamos nuestra naturaleza “inferior”, o bien cuando adoptamos posturas impersonales ante asuntos de clara implicación personal, como, por ejemplo, cuando en respuesta al sufrimiento de alguien decimos: “tu sufrimiento es irreal”, “todo es ilusión”, etc. Así, podemos caer en las formas más burdas de bypass, tratando de evitar sentir directamente la cruda realidad del dolor emocional. Esta forma engañosa de trascendencia espiritual considera que es una virtud el hecho de elevarse por encima de todo lo inferior o terrenal, y esto nos lleva a alejarnos “flotando por los aires” para evitar los desafíos de nuestro desarrollo natural, atiborrándonos de conocimientos espirituales, confundiendo información con transformación, y manteniendo intacta nuestra fijación al ego espiritual.

Por otra parte, en este contexto de bypass muchas personas se torturan con los diversos “debería” espirituales; debería ser más de esto y menos de lo otro, más positivo, más amoroso, más piadoso, más servicial… Estos “debería” nos alejan de lo que es y nos proyectan en lo que debería de ser, y, como sabemos, esta es la raíz del conflicto básico en la mente, eso que la espiritualidad trata de liberar y trascender, precisamente. La espiritualidad no consiste en una sublimación que tiende a mantenernos desconectados de lo terrenal, más bien, nos lleva a comprender los orígenes de nuestro sufrimiento humano con un corazón abierto y una profunda sensibilidad, llegando a reconocer que TODO puede contribuir a la sanación y al despertar.

Abordando el bypass espiritual.

Como vemos, el bypass espiritual consiste en recurrir a la espiritualidad para evitar abrirnos al dolor y asumir nuestras necesidades de desarrollo, y la manera de subsanar todo esto pasa obviamente por asumir esas necesidades y aprender a contemplar de manera diferente al dolor existencial, si se quiere, el dolor como un abono espiritual.

El dolor que evitamos no nos lo quitamos, simplemente lo sumergimos y lo acumulamos. A este dolor acumulado Eckhart Tolle lo llama el cuerpo dolor. Abordar la evasión espiritual significa abrirse a este cuerpo dolor y asumir compasivamente los aspectos dolorosos, difíciles o desagradables que hemos excluido de nuestro corazón. Se trata de reconocer (ser conscientes), acoger (abrir el corazón) e integrar (permitir su drenaje natural), en este proceso aprendemos a liberar lo acumulado y también a dejar de acumular.

Abrimos el corazón al dolor (a la herida y la tristeza, al miedo y al resentimiento, a la culpa y la vergüenza), lo acogemos compasivamente, sin resistencia y sin dramatismo, sin apego y sin proyección: sólo es dolor.

La sanación del dolor se haya en el mismo dolor. La libertad no significa ser libres del dolor, sino en ser libres a través de él.

El hecho de abrirnos al dolor, efectivamente, puede que no nos haga sentir bien, incluso a veces podemos sentir que se nos parte el corazón, por eso es tan importante el despliegue de la consciencia y de la compasión a través de la meditación. Dicho de otra manera, la meditación permite que el dolor sea procesado por la consciencia-corazón. A medida que vamos dirigiendo hábil y conscientemente la atención hacia el dolor, abriéndonos lo suficiente para procesarlo naturalmente, el impulso de escapar no nos seducirá tan fácilmente. Cabe señalar que, en ocasiones, el dolor, el trauma y los aspectos sombríos de nuestra personalidad, precisan de un proceso terapéutico complementario a la práctica espiritual. Esto es lo que significa formar parte de un paradigma de desarrollo integral. Efectivamente, muchas veces sentimos desgana o incapacidad para abrirnos plenamente a nuestra herida, a nuestra vulnerabilidad, o bien podemos entender el proceso terapéutico como algo innecesario o solo conveniente para personas enfermas o psicológicamente perturbadas, pero nada más lejos de la realidad… Todo el mundo tiene un sótano en lo profundo de su mente que es preciso ventilar y liberar, y todo el mundo puede hacerse la pregunta fundamental: ¿es mi momento para amarme de manera total e incondicional?

 

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

Por |2026-06-16T16:57:06+02:0016 de junio de 2026|Artículos|Sin comentarios

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