Yoga y Tantra. El camino de la Renuncia y el camino de la Entrega.

A grandes rasgos, la tradición espiritual de la humanidad apunta a revelar nuestra verdadera identidad en la Unidad: la Unidad en la Vida y la Conciencia como Verdad del Espíritu Primordial.

Ahora bien, existen asimismo dos grandes corrientes para realizar dicho propósito trascendente; una corriente apunta a realizar el Espíritu “renunciando” a la Naturaleza, la otra a realizar el Espíritu “a través” de la Naturaleza. A esto también suele referirse como el camino de la renuncia y el camino de la entrega.

En términos generales, gran parte de la cultura espiritual del mundo se ha decantado por el camino de la renuncia. En este camino, el cuerpo, la vida y la mente (como facetas de esta Naturaleza), representan un “obstáculo” a sortear, de hecho, este camino se basa en la percepción de que esta energía de la Naturaleza nos “atrapa”, y esta noción ha conducido al inconsciente colectivo a asumir una modalidad  victimaria; somos víctimas (estamos cautivos) de nuestras formas físicas, biológicas y psicológicas; la cárcel física, la intriga de las pasiones y los instintos, la tiranía de la mente neurótica, el hechizo de los sentidos. Por eso se habla de liberación, porque nos sentimos cautivos.

Esencialmente, el camino de la renuncia no es represivo, pero para el ego (que es desde donde generalmente se emprende el camino) el “resbalón” de lo uno a lo otro es prácticamente inevitable. Por eso (también generalmente) este camino se convierte en una lucha represiva contra la Naturaleza.

La renuncia implica aceptación; se acepta el hecho y se descarta. Sin embargo, la represión implica la negación y la resistencia a su manifestación.

Efectivamente, este camino de la renuncia aparece como un aspecto esencial en la tradición espiritual de la humanidad. Renunciar en el sentido de no identificarnos, de no alimentar falsas percepciones, de no aferrarnos a lo “ilusorio” o “irreal”. Ahora bien, renunciar a algo no significa reprimirlo o repudiarlo, simplemente reconocemos que, para nuestro desarrollo, ya no es necesario. Por ejemplo, una cosa es renunciar al ego como centro de gravedad de nuestra vida, y otra es reprimir su manifestación. Una vez más, la paradoja consiste en que, cuando tratamos de renunciar a algo a través de la represión, lo único que estamos haciendo es alimentarlo; apego y represión son dos aspectos de la misma identificación.

Ningún cambio puede ser fruto de la represión y del control, sino de la comprensión y de la compasión.
[Krishnamurti]

Por otra parte, el camino de la entrega comprende que el problema o el obstáculo no es la Naturaleza, sino la identificación con los fenómenos (cuerpo, vida y mente) que ésta manifiesta.

Entregarse no significa “encadenarse” ni “alienarse” a los fenómenos de la Naturaleza, sino aceptar y asumir todo esto como contenidos creativos de la Conciencia.

La entrega no excluye nada porque se comprende que toda forma de existencia es una manifestación de la Conciencia. La entrega no discrimina entre lo “inferior” y lo “superior”, la entrega no excluye, la entrega, integra. La entrega deviene de la comprensión del corazón.

Entregarse significa amar “lo que es”, y esto es lo que transforma y libera la energía espiritual implícita en cada fenómeno de la Naturaleza. Por eso, para el camino de la entrega, estas dimensiones de la Naturaleza no sólo no representan un obstáculo, sino que su integración es crucial para el florecimiento de la Conciencia.

En resumidas cuentas, el camino de la renuncia tiende a soslayar la realidad espiritual inmanente en la Naturaleza y la Materia, el camino de la entrega, sin embargo, integra estas dimensiones, y asume totalmente la presencia -tanto inmanente como trascendente- del Espíritu en toda manifestación de la Naturaleza.

Una de las dificultades que han impedido la difusión del camino de la entrega es el hecho de que, para el ser humano, entregarse a la energía de la Naturaleza sin quedar atrapado (identificado) en ella, aun le resulta muy difícil. A modo de metáfora, contemplemos la imagen de una balanza: en un plato estaría la “energía” y en el otro la “consciencia” (en un plato la energía de la Naturaleza, asumida a través de la experiencia, y en el otro el Espíritu, la capacidad o la amplitud de la consciencia para asumir esa energía y procesar esa experiencia).

Cuando la energía pesa más -es más intensa- que la consciencia surge la identificación. Cuando la consciencia pesa más que la energía surge la desidentificación.

Por lo general, la actividad energética (física, bilógica, sexual, sensorial, intelectual, emocional) de un ser humano ordinario suele pesar más que su consciencia. Por eso, podría decirse que casi todos partimos de un estado profundo de identificación, y por eso el camino de la renuncia ha sido más promovido y seguido por la tradición. Además, para la mente masculina (la mente predominante en estos últimos siglos) el camino de la renuncia es más atractivo porque parece que se “lucha” contra algo (contra la imperfección de la Naturaleza). Sí, este camino supone cierto esfuerzo, cierto desafío, todavía contiene cierto componente activo y agresivo. El camino de la entrega, sin embargo, es femenino, pasivo, fluido, receptivo… La mente colectiva se ha inclinado y ha sobrevalorado el “hacer” (masculino) sobre el “ser” (femenino), de aquí esta dificultad para realizar el camino de la entrega.

En la tradición de la India a este camino de la renuncia se le puede asociar a la vía del Yoga y al camino de la entrega con la vía del Tantra. (También podría señalarse que para esta tradición Shiva es la Conciencia y Shakti la Naturaleza).

La palabra Tantra está asociada a una sexualidad sagrada, sin embargo, el Tantra no solo apunta hacia una sexualidad sagrada, sino hacia una vida sagrada. Para el Tantra todo es sagrado. El Tantra revela la Divinidad en la Naturaleza, en todas sus dimensiones, incluida, por supuesto, la corporalidad y la sexualidad.

El Tantra acepta toda energía de vida de manera definitiva. En lugar de luchar contra “la energía que nos oscurece», pasa a través de ella, la vive, la experimenta totalmente, pero no queda atrapado en ella, pues su propósito es revelar al Espíritu oculto en la Naturaleza.

El Tantra no lucha contra la energía de la Naturaleza, pero tampoco se embriaga y se pierde en ella; su camino no es la represión, pero tampoco la indulgencia. El Tantra es una vía para propiciar un florecimiento espiritual en la Naturaleza y la Materia.

El camino tántrico consiste en revelar al Espíritu en cada fenómeno de la Naturaleza. Se trata de impregnar de consciencia y corazón cada fenómeno y cada experiencia. Esta es la sadhana del Tantra: “comerse el cebo y no tragarse el anzuelo”.  Este es el sagrado arte, y la sagrada ciencia.

Cualquier cosa vivida con Atención y Devoción es Tantra. La Atención y la Devoción penetran el cuerpo, penetran la mente, penetran al ego soñador… Hasta finalmente superar la consciencia de separación. El éxtasis tántrico es lo que queda cuando se disipa la ilusión.

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

 

Por |2024-06-06T18:21:27+02:0022 de diciembre de 2023|Artículos|2 Comentarios

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2 Comentarios

  1. José Juan 26 de diciembre de 2023 en 14:58 - Responder

    Gracias, Toni.
    Gracias, una vez más, por lo clarificador de tus palabras, queda trabajar y asumir lo que somos desde la comprensión y la experiencia.
    Gracias.

  2. Lídia 1 de enero de 2024 en 17:07 - Responder

    Gracias Toni , 🙏🏻

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