Todo el mundo debería conocer su árbol genealógico. La familia es nuestro cofre del tesoro o nuestra trampa mortal. […] Tener un árbol genealógico y no estudiarlo es como tener un mapa del tesoro y no ir a buscarlo. [Alejandro Jodorowsky]
En la terapia sistémica (constelaciones familiares) se considera a la familia como una constelación o un sistema que se autorregula a través de sus miembros. La familia, como todo sistema de la naturaleza, tiene un alma, una consciencia mayor que parece regir la propia dinámica familiar. Cada miembro del sistema ocupa el lugar que le corresponde y aporta su energía particular. Todos los miembros se compensan y tienden a equilibrar el ecosistema familiar. Lo que mueve la energía en el sistema es el amor, y cuando este flujo se bloquea aparece la desarmonía, la incoherencia, la enfermedad.
Del mismo modo que a nivel personal ciertos impactos y sucesos traumáticos se sumergen en el inconsciente (sombra) cuando éstos no se pueden procesar de manera consciente y natural, los acontecimientos traumáticos ocurridos en el seno de la familia se sumergen en el inconsciente familiar. Desde que el niño es concebido recibe la información y la energía de su campo familiar, y también de esta sombra familiar. “Los niños son el reflejo de la familia”. Carl G. Jung señala que el hijo muestra la sombra de sus padres y de sus ancestros, de ese modo heredamos algunos aspectos de los conflictos familiares no resueltos; esos conflictos tienen que ver esencialmente con la ausencia de duelo, la falta de reconocimiento (exclusión) y los “secretos”.
En todas las familias existen secretos familiares, hechos silenciados por vergüenza, por culpa, por dolor o por miedo. Toda familia tiene sus tabús, aquello de lo que no se puede hablar. Puede tratarse de muertes prematuras, abortos, suicidios, episodios de violencia, asesinatos, enfermedades, problemas psiquiátricos, herencias conflictivas, abusos sexuales, incestos, relaciones extramatrimoniales, matrimonios impuestos… Hechos y sucesos silenciados, enterrados por mera supervivencia o por la incapacidad de sostener el sufrimiento. Sin embargo, la consciencia familiar no permite que nada ni nadie sea excluido, negado, rechazado o condenado… Tarde o temprano, todo lo enterrado ejercerá presión sobre el sistema, buscando la manera de ser reconocido e integrado, normalmente a través de las generaciones venideras, que reproducirán estos conflictos en forma de “repeticiones” o, en los casos más extremos, en forma de “destinos trágicos”. Lo más importante en el trabajo con el árbol es traer a la consciencia estos secretos, los conflictos no resueltos, los dramas silenciados; todo esto hay que desenterrarlo, sin saberlo, podemos estar cargando o reparando los conflictos de nuestros ancestros, por eso es tan importante alumbrarlo y liberarlo.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que en el árbol hay un secreto? Cuando el árbol quiere revelar un secreto, crea una estructura, un patrón que se repite, con eso pretende llamar la atención. El trabajo con el árbol descansa sobre una comprensión cada vez más sutil de las repeticiones, los patrones y las pautas que se repiten a través de generaciones. Las repeticiones tienen por objetivo una fidelidad al clan, lo que me empuja a perpetuar comportamientos y valores. En un sentido biológico estar fuera del clan es equivalente a morir (esta impronta nos impulsa poderosamente a repetir), y, en un sentido psíquico, estos vínculos inconscientes están condicionados por el complejo emocional (el vínculo profundo no viene de la cabeza, de la educación, viene del corazón, de la emoción). En las constelaciones familiares también se habla de amor ciego para referir esa lealtad inconsciente que los hijos profesan por la familia y sobre todo por sus padres. Muchas veces, las cargas y conflictos no resueltos de los padres son asumidos a modo de “pacto amoroso” inconsciente por el hijo, que toma el testigo y asume un karma que no es suyo.
Esta fuerza inconsciente de la fidelidad familiar es un gran condicionante en nuestra vida. Soltar este lazo se hace imprescindible para poder vivir de acuerdo (en coherencia) a nosotros mismos. Cuando nos descubrimos en patrones de conducta y roles asumidos que no son nuestros, sino fruto de cuestiones sin resolver de nuestros ancestros, entonces podemos decidir si queremos conservarlo o liberarlo. Así que frente a los obstáculos y las dificultades que asumimos de nuestros ancestros tenemos dos posibilidades: la repetición o la toma de consciencia, haciendo algo que nos hará crecer, y que es la finalidad última del árbol.
A veces, soltar las cargas familiares nos resulta muy difícil, soltar el destino de otros nos cuesta, para el inconsciente es como romper la cadena y quedarse solo, y esto puede generar sentimientos de vacío, culpa e inseguridad. En estos casos lo importante es comprender que este “soltar” también es un acto de amor: comprendemos que el vínculo fue hecho por un amor ciego, inmaduro e inconsciente, y que ahora lo soltamos desde un amor consciente, un amor inteligente. La clave para evitar las repeticiones es la toma de consciencia; ser conscientes de que nuestros ancestros actuaron según su propio nivel de consciencia, y de que si nosotros aplicamos otro nivel los liberamos. Este es el gran trabajo del amor y el crecimiento: dar solución a los mismos problemas que se nos vienen repitiendo, desde otro nivel de consciencia.
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Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com


Sí, pero es una liberación soltar cargas y patrones que no son tuyos, un descanso y un estar en tu centro ligera, con fuerza y claridad. Perdonando y perdonándote desde el Amor al árbol y a cada miembro. Es fascinante el proceso, además de quedarte con lo positivo, con lo que te resuena e impulsa. Gracias Toni por esta reflexión.
Gracias Olga, un abrazo!