Regular las emociones es el próximo paso en la evolución humana. [Instituto HeartMath]
Todo el mundo tiene emociones, pero no todo el mundo sabe manejarlas adecuadamente, de hecho, pareciera que nuestra educación hubiera pasado esto por alto. Muchas personas han sido educadas para vivir sin contacto con ellas mismas ni con su sensibilidad, desconectadas de sus necesidades vitales y de su profunda vida emocional. Lo que es evidente es que esta desconexión de nuestra inteligencia emocional ha generado mucho conflicto y confusión en nosotros mismos y en nuestra relación con los demás, y ahora surge una oportunidad de reparar.
¿Qué son las emociones?
La palabra emoción viene del latín emotio (movimiento, agitación) que deriva de emovere (hacer mover, sacudir, remover). La etimología sugiere por tanto que una emoción es una como una sacudida, una agitación o un movimiento interno que nos impulsa a la acción.
Una emoción es un conjunto de reacciones neuroquímicas y hormonales complejas que nos predisponen a reaccionar de cierta manera ante un estímulo externo (algo que captan mis sentidos) o interno (pensamientos, imágenes, recuerdos), son valoraciones automáticas que apuntan hacia nuestras necesidades vitales y nos preparan para la acción. Las emociones son esencialmente adaptativas, forman parte de un sistema biológico más antiguo que la cognición, destinado a satisfacer las dos necesidades básicas de preservación y desarrollo (supervivencia y crecimiento).
La emoción es una información que nos mueve hacia la acción. Las emociones nos informan de cómo vivimos y hacia dónde dirigirnos para sentirnos mejor. Nacen de nosotros y son para nosotros. Nos ayudan a tomar consciencia de nuestras necesidades, expresan lo que estamos percibiendo del mundo y cómo nos afecta cada situación. La emoción señala hacia algo que requiere de nuestra atención.
Emoción adaptativa o desadaptativa.
En un sentido fundamental la emoción es adaptativa cuando favorece la preservación y el desarrollo en términos generales, y es desadaptativa cuando no lo favorece, o incluso lo perjudica.
La emoción es adaptativa cuando responde a una necesidad “real” que tiene lugar en el presente, entonces, la emoción nos impulsa a actuar para atender esa necesidad. Es adaptativa cuando es útil, funcional y afronta la situación en su justa medida. Una vez la necesidad es atendida, la emoción se disipa de manera natural. La emoción es desadaptativa cuando se activa ante una simulación mental desalienada de la realidad, una simulación generalmente teñida por ciertos registros de la memoria emocional. Aparece de manera disonante o desmedida con respecto a la situación “objetiva” que tiene lugar en el presente. En muchos casos se trata de reacciones aprendidas, desfasadas de nuestro momento de desarrollo actual.
En el desarrollo de la autoconsciencia emocional aprendemos a discernir cuando una emoción es adaptativa o desadaptativa, y de ese modo aprendemos a usar la energía emocional de manera responsable, saludable y creativa.

Inteligencia Emocional.
En la década de los noventa Saloyev y Mayer estudiaron y describieron la inteligencia emocional como “la capacidad de percibir los sentimientos y emociones de uno mismo y de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones”. Después Daniel Goleman popularizó este término en su famosa obra “Inteligencia Emocional”, haciendo hincapié en la toma de consciencia de nuestras emociones y en la comprensión hacia las de los demás, en la tolerancia a la presión emocional, y a la actitud empática y social. Aspectos como la motivación, el sostener nuestros impulsos reactivos o la regulación de nuestros estados de ánimo, también fueron contemplados como atributos de esta inteligencia.
Algunos aspectos de esta inteligencia podrían ser los siguientes:
Autoconsciencia emocional. Reconocer nuestras emociones, cómo nos afectan y cómo influyen en el comportamiento. Descubrir las fortalezas y los puntos débiles de nuestra vida emocional. Reconocer asimismo los rasgos más característicos de nuestra identidad emocional.
Autorregulación emocional. La capacidad de gestionar nuestras emociones de manera responsable y equilibrada, neutralizando las reacciones exageradas o desproporcionadas. Vivir un estado emocional sin ser arrollados o secuestrados por él, manteniendo el foco de consciencia y lucidez.
Automotivación. Focalizarnos en nuestros valores y propósitos manteniendo la energía y el entusiasmo, convirtiendo los obstáculos y las dificultades en oportunidades.
Reconocimiento de las emociones ajenas. La capacidad de sentir a los demás (a través de su lenguaje verbal y no verbal). Sentir a los demás es el primer paso para establecer relaciones auténticas.
Habilidades interpersonales. La capacidad de establecer relaciones saludables y construir vínculos significativos con los demás.
Uno de los pilares de todo proceso terapéutico y espiritual es el desarrollo de Inteligencia Emocional. En realidad, es uno de los pilares de nuestra vida, ya que nuestra relación con las emociones afecta a nuestra vida de manera fundamental. En el desarrollo de un proceso de consciencia aprender a procesar nuestras emociones resulta esencial y, más allá de eso, educarnos para una vida emocionalmente consciente y responsable es todo un desafío como individuos y como humanidad.
Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com


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