Comunicación Consciente

Hoy en día, los estudios encaminados a desentrañar las raíces del estrés emocional apuntan al hecho de la comunicación como un factor determinante. Somos seres de comunicación, por lo tanto, no es de extrañar que nuestra coherencia y bienestar dependa enormemente de la manera en la que nos comunicamos.

La comunicación consciente es un recurso fundamental para la interacción social y el desarrollo de las relaciones humanas. Esta habilidad puede ser innata pero también puede aprenderse y entrenarse. Esta habilidad nos permite establecer vínculos sanos y mejorar la comunicación que establecemos con nosotros mismos y con los demás.

La base de la comunicación consciente podría resumirse en dos aspectos fundamentales: la escucha atenta y la palabra correcta.

La escucha atenta.

¿Podemos escuchar, escuchar meramente, escuchar sin “pensar” en lo que escuchamos? ¿No? Entonces podemos oír, pero no sabemos escuchar.

Oír no requiere de una decisión deliberada y consciente, simplemente recibimos de forma pasiva los sonidos que flotan en el ambiente. Sin embargo, escuchar es un proceso activo que requiere de nuestra atención deliberada, nuestro interés y nuestra motivación, en definitiva, nuestra actitud consciente.

El principal obstáculo para escuchar es el constante parloteo mental; este continuo ruido de fondo levanta una barrera que nos aísla y nos impide disfrutar de una escucha genuina y auténtica, alejándonos de lo que el otro verdaderamente quiere comunicar. Cuando escuchas, ¿puedes advertir este diálogo interno que opera en tu mente? Ese diálogo es la barrera que nos impide escuchar, precisamente. Ese diálogo nos mantiene distraídos en el ruido de la mente (elucubrando, interpretando, suponiendo, juzgando, imaginando), alejándonos de lo que realmente se dice y se expresa, entretenidos en preparar nuestra contestación o nuestra réplica perfecta. En este diálogo interno el ego únicamente se escucha a sí mismo y dejamos de escuchar de una manera verdaderamente receptiva y honesta.

Un obstáculo es este ruido mental y otro es la perturbación emocional que toda comunicación puede despertar. Cuando lo que escuchamos nos remueve y nos enciende emocionalmente, podemos ser arrastrados o secuestrados por esa actividad emocional, y en ese momento es cuando dejamos de escuchar.

La escucha consciente no pretende reprimir nada de lo que surja en nuestro interior durante la comunicación; no lo reprime, pero sabe renunciar (al diálogo interno) y sabe respirar (sostener el movimiento emocional). Ya sean pensamientos, sensaciones, sentimientos o emociones, todo es reconocido en la plena consciencia, dejándolo a un lado para que no interfiera, y regresando deliberadamente a la escucha silenciosa y atenta, regresando a la presencia.

La escucha consciente se basa en el silencio interior, un silencio que podemos cultivar y practicar. El silencio es imprescindible para poder escucharnos y para poder escuchar a los demás.

Para escuchar precisamos hacer silencio en nuestro interior, renunciar a ese diálogo interno hecho de prejuicios, expectativas y creencias, y renunciar a preparar la réplica perfecta. Este silencio abre un espacio que permite escuchar y comprender, a la vez que posibilita una respuesta creativa y coherente desde el fondo de mi ser.

La palabra correcta.

Después de escuchar, a veces surge el momento de comunicar y ser escuchados, es el momento de nombrar lo que necesita ser nombrado.

Quien sabe descansar en el silencio sabe fluir con la palabra.

Desde el silencio la palabra que surge es la palabra impecable, la palabra coherente, la palabra atenta, la palabra correcta.

La palabra que no brota del silencio es una palabra estéril y superflua. La palabra fértil -y la palabra terapéutica- es la que comunica la experiencia interna de manera sincera y auténtica.

La palabra revela nuestra mente, consciente e inconsciente. La estructura de nuestro lenguaje revela la estructura de nuestro pensamiento; una forma de hablar es una forma de pensar.

Hablar por hablar es simplemente el reflejo compulsivo de distraernos y rellenar espacio.

La palabra que destruye, la palabra que arrasa, anula su propósito expansivo y creador. La palabra creadora es la que surge del silencio y es inspirada por el corazón.

El arte de la comunicación es el arte del amor: amor a uno mismo, amor al mensaje y amor al receptor.

 

Toni Consuegra
Instructor de Meditación y Terapeuta Transpersonal
Fundador de Ananda Desarrollo Integral
www.anandaintegral.com

Por |2026-04-29T11:36:55+02:0029 de abril de 2026|Artículos|Sin comentarios

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